Escribo a pies descalzos y con un bolígrafo a media tinta. Trato de plasmar en un papel algo de lo que fue, pero una cosa es el recuerdo y otra es recordar.
Recuerdo un feliz comienzo, en donde mi corazón latía no de forma muy corriente. Recuerdo que en mi estómago se formaba un vacío, y no precisamente de fatiga. Eran tiempos que al ver ese rostro mis preocupaciones olvidaba y mis temores ocultaba.
Sentía que nada malo podría pasar, me llené de tanta seguridad que una vez pensé amar con los ojos cerrados, dejando todo a sus manos.
No tengo una explicación lógica para entender lo que pasó. Traté de analizarme pero no logré conocerme. Nos preguntamos una y mil veces “que nos pasa”, claro está que con ninguna solución concreta terminaba la discusión.
Al recordar mi sonrisa desaparece y mis ojos se cristalizan. Al recordar puedo ver detalles de la historia, puedo ver que muchas veces fuimos fríos al actuar. Al recordar puedo sentir la agresiva y sin ganas de amar.
Debido a esto no quiero seguir recordando, prefiero el recuerdo vivo que quedó dentro de mí. Me quedo conforme, talvez sea mediocre, ya que no fue mucho, pero si una linda relación.


