
Camino a paso lento sin descansar, sin un vaso de agua tomar. Observo los cambios de la urbanización, escucho el reventar de las olas a mis espaldas. Fotografío el cuadro del presente para ver en detalle mi existencia. Miro con cautela, pero nada. ¿Será que faltas tú?
Las hojas en blanco que llené con tinta no tienen sentido, los murales que pinté ni la semilla que planté. Entre más cosas que realice no dan mérito para que el día termine, para que el reloj avance. Segundos similares a minutos, y ellos a las horas. El día no parece terminar. ¿Será que faltas tú?
Me acuesto pensando en la mala jornada de mi vivencia. Cierro los ojos y le pido a Dios cambiar las cosas. La radio a pilas me dice que aún no es tiempo para dormir, es tiempo para llorar en silencio, para cantarle al viento. Para seguir imaginando tu rostro, para recordar el aroma de tu cabello, el aliento de tu boca y la frialdad de tus manos. Y así pasa la noche, son casi las cuatro de la madrugada y mis parpados no cierran. ¿Será que faltas tú?
¿Será que para dormir y descansar en paz necesite tu despedida, o simplemente será que faltas tú?


